Historia atrás de un teléfono

Por Delfina Pérez

Había una nena de 3 años llamada Delfina que estaba pasando por una situación muy difícil de sobrellevar en su casa. Lo único que quería cuando llegaba del jardín era irse de ahí lo más rápido posible.

Lo que sucedía en la casa de Delfina era que su padre, Francisco, estaba pasando por una adicción y eso provocó una separación entre sus padres. Su madre, Silvana, quería que su pareja se fuera de la casa porque no era un ambiente sano para su hija de 3 años. Francisco perdió su trabajo a raíz de su adicción y no contaba con suficiente dinero para poder marcharse. Esto llevó a que los padres de Delfina discutieran permanentemente mientras gritaban, Delfina solo quería escapar y tuvo que buscar una solución.

Con tan solo 3 años de edad, a Delfina se le ocurrió una idea. Silvana le había enseñado a su hija los números de teléfono fijos de su familia por cualquier emergencia. En el jardín, en el cuaderno de comunicaciones a los alumnos les ponían una lista con los nombres de todos los compañeros de salón con sus números de teléfono, entonces Delfina le pidió a su mamá que le colocara un teléfono fijo en su habitación para poder hablar con sus amiguitos del jardín. Esa fue la excusa. Lo que Delfi hacía en realidad cada vez que sus padres gritaban, era encerrarse en su habitación y utilizar el teléfono para llamar a su abuela Marta para que la afuera a buscar.

Gracias a ese teléfono, con su abuela del otro lado, ella sentía que estaba a salvo, que podía escapar de ese caos. Delfi llamaba a su abuela y le contaba que sus papás estaban gritando nuevamente. La abuela la tranquilizaba y le decía que en un rato ya iba a estar en la puerta de su casa. Delfi salía corriendo de su habitación e iba a esperarla abajo de las escaleras de su casa. Cuando Delfi veía que ella llegaba, sentía un alivio terrible, sabía que iba a poder estar tranquila. Cuando subía al auto de su abuela ella le decía que la llamara las veces que fueran necesarias, que siempre iba a ir a buscarla, todas las veces que hiciera falta.

De más grande, Delfina comprendió muchísimo mejor la situación y eso hizo que tenga una mayor cercanía, confianza y afinidad con su abuela.

La historia que acaban de leer es mía, yo soy esa Delfina y ella fue mi abuela, mi gran rescate.