Destino Final Buenos Aires

EN TODAS LAS FAMILIAS HAY HISTORIAS. ALGUNAS SON ANÉCDOTAS, OTRAS ENCIERRAN VIVENCIAS DE DESTIERROS, AUSENCIAS, ESFUERZO O DOLOR, O HECHOS IMPENSADOS. HAN VIAJADO, HECHAS NARRACIÓN, DE BOCA EN BOCA. CREEMOS QUE CADA UNA MERECE SER CONTADA, POR ESO NUESTRA SECCIÓN HISTORIA DE FAMILIAS, AHORA SE MULTIPLICA EN UNA COLUMNA SEMANAL EN LA EDICIÓN IMPRESA DEL DIARIO EL ECO DE LOS DOMINGOS. LAS PRODUCCIONES PERTENECEN A LOS ALUMNOS DE 6TO AÑO DE LA ORIENTACIÓN EN COMUNICACIÓN Y SE TRABAJAN DESDE EL ESPACIO DE TALLER DE PRODUCCIÓN EN LENGUAJES COORDINADO POR LA DOCENTE VIRGINIA HIMITIAN.
Por Ailén
López Usubiaga

Su padre con el sobre en mano. Las voces de sus hermanos impacientes. El diario a un lado abierto en una página específica. Miles de pensamientos imaginando qué podría estar por suceder. Esa carta lo cambiaba todo.

Corría el año 1908, Lorenzo tenía 20 años cuando una carta con el sello oficial del Ministerio de la Guerra de España llegó a la casa donde vivía con sus padres y sus 4 hermanos. Tras varios minutos en los que su padre José María leía la carta para sí mismo, les comunicó a él y a sus 3 hermanos Miguel, José y Victoriano que eran convocados para la milicia del País Vasco.

Por ese entonces, España estaba en guerra en el norte de Marruecos contra el Estado Jerifiano. Más conocida como la Guerra de Melilla, allí se enviaban tropas a combatir. Normalmente estaban conformadas por chicos jóvenes de entre los 18 y los 21 años, por lo que, tanto Lorenzo como sus hermanos debían asistir a la milicia para más tarde participar de esta guerra.

Ni su padre ni ellos mismos estaban de acuerdo con ser parte de aquello. José María suponía una locura enviar a sus hijos con nada de experiencia al servicio militar para que acabaran en una guerra, posiblemente mal heridos o en el peor de los casos, muertos. Por lo que esa misma noche, sin que su esposa Estefanía y su hija lo supieran, José María ayudó a sus cuatro hijos a irse de Elgorriaga (País Vasco, España), el pequeño pueblo donde vivían, hacia Marsella (Francia) donde se tomaban buques hacia distintas partes del mundo. Prefería tenerlos lejos de su familia, pero en un sitio que los alejara de la guerra y la crisis económica del país.

Tras recorrer los más de 800 kilómetros que separaban ambos sitios, y ya embarcados en el buque hacia un destino totalmente desconocido, Lorenzo tuvo suficiente tiempo para darse cuenta de la manera tan radical en la que su vida había cambiado en apenas unos días. Debía dejar atrás su vida junto a sus padres, el pueblo en el que había nacido y se había criado, viéndose casi obligado a cambiar su realidad.

El 27 de noviembre de 1909 desembarcaron en el puerto de Buenos Aires. Había sido un viaje lleno de sensaciones y sentimientos encontrados. El alivio de por fin llegar a un nuevo destino y la incertidumbre por no saber qué les esperaba en esta tierra.

El puerto estaba repleto de personas, nuevos inmigrantes intentando entrar al país y trabajadores organizando registros y papeles. Con el equipaje en mano comenzaron a buscar al contacto que daría pie al inicio de su nueva vida, pero en un momento dado, Miguel, uno de sus hermanos se separó del grupo.

Lorenzo notó aquello y lo comunicó a sus hermanos. Los tres comenzaron a buscarlo por el puerto, en distintos sitios, diferentes filas, recordando paso a paso el recorrido que habían hecho desde que bajaron del barco, pero no había señales de Miguel.

Tras la frustración y desesperación de no encontrar a su hermano, continuaron avanzando con los papeles oficiales para entrar al país, con la esperanza de encontrar a Miguel allí, pero no fue así.

Llegó el momento de abandonar el puerto con la persona que los acompañaba hacia el sitio donde vivirían. Ese día Miguel no apareció, ni el siguiente, ni los que vinieron después.

Varios años más tarde, cuando cada hermano ya había comenzado a ganarse la vida trabajando y aun sin tener rastro alguno de Miguel, lograron comunicarse con sus padres, que aún vivían en España. Lo hacían por medio de cartas que les ayudaba a escribir un amigo de la zona ya que ellos no sabían leer ni escribir. Allí y de esa forma se enteraron de que su madre Estefanía había fallecido poco tiempo atrás, lo cual les causó un gran dolor, no solo por el hecho de que hubiera fallecido, sino porque ellos no habían podido acompañarla hasta el final y darle un último adiós.

Lorenzo Usubiaga

Lorenzo pasó el resto de su vida trabajando en un campo cercano a Labardén (Partido de General Guido, Provincia de Buenos Aires) junto a su hermano Victoriano. Allí conoció a Dominga, la hija de los Othondo y dueños del tambo. Años más tarde se casó con ella y tuvo 11 hijos, entre ellos Juan Miguel Usubiaga, mi abuelo. Lorenzo se mudó al pueblo de Labardén cuando se jubiló, comprando una casa y siendo ese el sitio en donde pasó sus últimos días, muriendo por causas naturales a los 86 años.

Al día de hoy, mi familia sigue sin tener rastros de Miguel, sin saber su paradero en aquel momento ni cómo vivió su vida. A pesar del paso de los años, la ausencia de Miguel sigue perdurando, dejando la familia incompleta para siempre.