Un hombre solitario en la Patagonia

Tomás Desimone

EN TODAS LAS FAMILIAS HAY HISTORIAS. ALGUNAS SON ANÉCDOTAS, OTRAS ENCIERRAN VIVENCIAS DE DESTIERROS, AUSENCIAS, ESFUERZO O DOLOR, O HECHOS IMPENSADOS. HAN VIAJADO, HECHAS NARRACIÓN, DE BOCA EN BOCA. CREEMOS QUE CADA UNA MERECE SER CONTADA, POR ESO NUESTRA SECCIÓN HISTORIA DE FAMILIAS, AHORA SE MULTIPLICA EN UNA COLUMNA SEMANAL EN LA EDICIÓN IMPRESA DEL DIARIO EL ECO DE LOS DOMINGOS. LAS PRODUCCIONES PERTENECEN A LOS ALUMNOS DE 6TO AÑO DE LA ORIENTACIÓN EN COMUNICACIÓN Y SE TRABAJAN DESDE EL ESPACIO DE TALLER DE PRODUCCIÓN EN LENGUAJES COORDINADO POR LA DOCENTE VIRGINIA HIMITIAN.

Esta historia comienza en el año 1930, con Alejo “Tuco” Etcheverry un hombre difícil de llevar. No se sentía cómodo con cualquiera, era un ermitaño, tenía un mal carácter y es por ese motivo que él vivía solo. Alejo era tío abuelo de mi abuela paterna.

Él se levantaba muy temprano a la mañana, lo primero que hacía era desayunar algo rápido para ya empezar a trabajar en sus cosas. Iba a ver cómo estaban sus animales y les daba su comida por separado. Luego de estar toda la mañana en ese lugar, volvía a su casa para poder comer algo. Salía solo algunos días del mes nada más a buscar comida a la ciudad cuando necesitaba. Tardaba algunas horas en llegar, pero no le quedaba otra opción que ir hasta allá para comprar víveres. Llegaba casi de noche para bañarse y cenar. Antes de acostarse volvía a darle de comer a sus animales y los metía en sus corrales. Cuando terminaba cerraba toda la casa y se iba a dormir temprano.

Vivía en el sur de la Patagonia, era un campo que no era productivo y se encontraba solo en ese lugar. Un día decidió salir a comprar más comida porque no tenía más. Esos días anteriores había nevado mucho en la zona. Hacía tiempo que no tenían esa cantidad de nieve, así que la gente no salía de sus casas, ni por necesidad.

Al darse cuenta de que no iba a poder ir a la ciudad y que necesitaba comida, decidió salir a cazar lo que se encontrara en la cercanía.

Aunque él se sentía bien estando solo, a veces en situaciones cómo estas, era muy complicado porque no tenía la compañía que él necesitaba. Pero al ser tan orgulloso no le daba importancia a eso, seguía viviendo y manteniéndose así. Él no quería la ayuda ni la atención de nadie, no quería saber nada.

Luego de unas horas de caminar y no encontrar nada para cazar, se perdió. Él conocía la zona cercana pero esta vez con toda la nieve que tapaba todo no sabía donde se encontraba. Lo primero que buscó en ese momento fue estar seguro y poder hacer un fueguito. Logró encontrar una choza semi-destruída, donde consiguió prender con lo que encontró un pequeño fuego. Su estadía allí se extendió más de lo esperado, estuvo dos días en ese lugar sin comer ni tomar nada y con mucho frío, ya que el fuego que él había prendido no era suficiente.

Durante esos días que estuvo solo pudo tomar agua de un arroyo muy chiquito que había cerca de la choza que él estaba, pero comida no pudo encontrar. A lo lejos había un árbol caído, levantó algunas ramas y hojas secas para poder mantener el fuego prendido durante un largo tiempo. Cuando paró de nevar y era de día, decidió salir y encontrar alguna casa donde lo puedan asistir ya que no podía caminar por lo congelados que estaban sus dedos y piernas. Después de un tiempo caminando como podía, encontró una cabaña donde vivía una familia y ellos fueron lo que lo ayudaron. Luego de darle algo de comida y tratar de que no pasara más frío, lo llevaron directamente al hospital del pueblo.

Estuvo internado por varios días porque tenía sus pies congelados y negros por ese frío intenso qué pasó. Le costó mucho su recuperación, pero lo peor estaba por venir, le avisaron que le tenían que amputar los diez dedos de los pies, para que la gangrena no se extendiera a todo el cuerpo. Fue la peor sensación que tuvo en su vida, miraba sus dedos y no podía creer lo que estaba viendo. Pero no había otra opción que cortarle los dedos de los pies, lo acompañó el padre de la familia mientras el médico hacía lo suyo.

Después de todo esto que le pasó y lo que le tocó atravesar, decidió irse a vivir con Bernardo que era su hermano. Vivía con su familia en una zona más urbanizada, por ese motivo le fue más fácil establecerse en esa zona. Además, vendió su campo con el que ya no quería tener nada que ver. Se dio cuenta que no era bueno vivir en soledad. Estar tan lejos de la ciudad no garantizaba su bienestar.

Después de esa experiencia en la que tan mal la había pasado se dio cuenta de que no está bueno tener una vida de ermitaño, siempre necesitamos alguien cerca. A raíz de todo lo que perdió decidió cambiar su estilo de vida, su forma de ser y vincularse con otro tipo de personas que antes lo veía imposible por el humor que él tenía, y se abrió a la vida con otros.