La inconsciente aventura de una niña

Por Juan Peduto

En todas las familias hay historias. Algunas son simples anécdotas, otras encierran vivencias de destierros, ausencias, esfuerzo o dolor. Han viajado hechas narración de boca en boca, a través de las generaciones. En la alegría o en el dolor, creemos que todas merecen ser contadas. Así que sentados en una ronda y con los ojos cerrados, nos propusimos con los chicos de 6to año de Comunicación, recuperar un recuerdo de familia que estuviera en nuestra memoria. A partir de él realizamos entrevistas y reconstruimos la información que nos faltaba tanto con fuentes escritas, como orales. Y luego con todo eso en nuestra mochila, nos sentamos a escribir estas Historias de familia, que les presentamos en esta serie. Disfruten de las producciones de nuestros chicos en el espacio de Taller de Producción en Lenguajes, coordinado por la docente Virginia Himitian.

Graciela era una niña de 7 años la que vivía en Italia en un pueblo llamado Castell San Lorenzo de la Provincia de Salerno. Era una chica de contextura delgada, de pelo color castaño y lacio y ojitos marrones. Era una niña buena, alegre y feliz, que vivía con sus padres y su hermano en el campo, a quienes ayudaba siempre cuando tenía tiempo, ya sea en el trabajo de ganadería o en la casa colaborando con la mamá para ayudarla. En su tiempo libre le gustaba jugar con los animales que habían, ovejas, gallinas, chanchos y conejos.

Ella no había asistido al jardín ya que en sus tiempos no había, pero sí iba a una escuela primaria de campo en la que asistió tan solo un año y medio. Este corto periodo fue debido a la horrible experiencia que vivió frente a un profesor y la forma de educación que tenían en su época.

Un día normal de escuela en el que ella había asistido como todos los demás días, un profesor la mandó al frente para hacerle unas preguntas, había contestado correctamente todas excepto una, y por eso le agarró el brazo y tomó una regla larga y le pegó en la muñeca 3 veces.

Desde ese día que la madre dejó de mandarla a la escuela y le dijo que comenzaría a ir a catecismo como todo niño de esa edad en Italia, en vez de ir a la escuela.

Parecía no querer acceder a instituciones educativas ya que su primera charla con el sacerdote fue:

-Graciela, ¿vos vas a misa los domingos?

-No, no voy.

-¿Y porque no asistís a misa? Es el único día a la semana en donde las hay.

-Si, es que no tengo tiempo…

-Pero… ¿Cómo no va a tener tiempo una niña tan pequeña como vos?

Graciela era una chica responsable, su mamá la despertaba todas las mañanas para ayudarle con lo que requiriera. Una mañana ella se levantó y la mamá no la había despertado. Le pareció raro ya que, por lo general siempre lo hacía y además cuando se levantó de la cama notó que no estaba ella ni su papá, solo sintió un olor fuerte, como un perfume de hombre. Ninguno de los padres estaba en la casa, por lo cual ella estaba preocupada de lo que estaba pasando y no sabía si quiera que fuera. Al rato llegó la madre y le dijo que lo había acompañado al padre porque se había ido un tiempo a otro lugar por un nuevo trabajo.

Ellos siguieron su vida normal por un par de años, hasta que la mamá de Graciela le dijo que harían un viaje a barco a otro lugar a donde podrían vivir. Ese lugar era Buenos Aires, Argentina.

El barco era uno de guerra, por eso, tenía muy poca comodidad. En el primer piso viajaban soldados y en el segundo viajaban pasajeros. El ambiente era sucio y nada lujoso, su nombre era Barco San Giorgio. Este era un barco el cual no tenía comodidades para pasajeros y fue más difícil para Graciela vivir un viaje de tantos días tan incómoda y pasando hambre.

Ella era una chica muy tranquila y  además no le gustaba nada andar por ahí en el barco ya que el mar le causaba vómitos. Además pasó hambre ya que la mitad de alimentos que ofrecían eran comidas que ella desconocía y no las ingería porque nunca las había visto y por miedo a que después se sintiera peor de lo que ya estaba. Lo único que comía era una ensalada de escarola con la mamá.

A diferencia de ella, su hermano, Cosme, era un pequeño que se la pasaba jugando e iba de acá para allá todo el día. Era tan travieso que un día, fue hasta la popa del barco (en donde estaba prohibido ir sobre todo para los niños de su edad) y tras una turbulencia y casi cae del barco al agua que de no ser por un marinero que lo agarró justo antes de que resbalara.

Fue un viaje largo, aburrido, y doloroso, pero finalmente lograron llegar. Arribaron al puerto de Buenos Aires en Argentina. Llevaron a todos los que estaban viajando a un conventillo que era como una sala gigante con habitaciones y compartían lugar con personas que las miraban mal por ser extranjeros. A todo esto el padre fue a este lugar a buscarlos e ir a la casa en donde él había vivido durante esos dos años y que había hecho para que ellos vivieran todos juntos lo más cómodos posible y sin pasar hambre ni más momentos de sufrimiento.

Algunos de los utensilios que la familia de Graciela trajo a Argentina

La casa era, dentro de toda cómoda, era chica y tenía lo mínimo indispensable para vivir. El baño era un pozo y las paredes daban a la calle, en donde hasta por algunas rajaduras se podía ver a la gente que pasaba ya que no era un buen material con el que habían construido la casa.

La mamá de Graciela no la estaba pasando bien, ella estaba muy triste de haber dejado todo, además no se sentía nada cómoda donde estaban viviendo, lloraba muy seguido y Graciela siempre la consolaba y pasaba el rato con ella para que estuviera mejor.

El padre era una persona muy trabajadora, casi ni estaba con su familia, él trabajaba día y noche para llevar el dinero al hogar, y tras ver lo mal que la estaba pasando su esposa decidió averiguar otro lugar donde vivir que sea mejor de la choza donde estabas viviendo. Para su suerte, él tenía un amigo que era un paisano el cual le ofreció una casa con un terreno a un buen precio el cual accedió a comprar.

La casa era de un mejor material que la anterior, estaba ubicada en la Ciudad de Lanús, en la Zona Sur del gran Buenos Aires , todos en la familia estaban contentos con la nueva casa y pudieron continuar su vida cada vez más cómoda y felizmente.

La abuela de Juan, Graciela, muchos años después de llegar a Argentina

Esta es la historia de mi abuela, la mamá de mi papá y la historia de inmigrantes que vivió tras hacer un viaje de 28 días de Italia a Argentina.