Por Victoria Solla, Sofía Paganoni y Santiago Herrero
Un nuevo año significa, entre muchas cosas, una nueva etapa para todos los talleres. Hace ya un año que Santiago Herrero y su compañero Valentín Palacios, se ofrecieron a ser ayudantes del taller de olimpiadas matemáticas. Tal vez los directivos pensaron que rindió fruto su colaboración en los encuentros de preparación o que conectaron con los pequeños, porque este año, fueron los profesores mismos quienes los convocaron a participar como ayudantes nuevamente.
Tras haber vivido las olimpiadas en carne propia –ya que participan de ellas desde los nueve años – les pareció una idea “copada” poder involucrarse más y aprovechar sus conocimientos para ayudar a un otro. Sabiendo que su hermana participaba de olimpiadas como él ya una vez lo había hecho, Santiago tocó la puerta del salón donde estaban practicando y entró. La maestra, María Gardey, quien había sido la suya, y con la cual tiene mucha confianza, no daba abasto para explicar. Se aproximó a preguntar si necesitaba ayuda, dejándole saber que él estaba disponible y que tal vez su experiencia en las olimpiadas serviría de algo con los chicos. Ella accedió con entusiasmo, feliz de recibir ayuda. Los chicos parecían entretenidos con tener a alguien más grande pero no un adulto, alguien que les enseñara pero con el cual poder tener una relación de más cercanía, con intereses parecidos a los suyos y una postura más suelta y juvenil.s
Al final de esa clase, los chicos y su nuevo “profe” parecían llevarse bastante bien, por lo cual esto le dio más incentivo a Santi de hablar con Valentín, su compañero, al cual podría resultarle entretenido ser ayudante también. Conversaron con la directora de nivel primario, Gabriela Gervasio, a quien le pareció una muy buena idea vincular de esa forma primaria y secundaria. Luego, preguntaron en secundaria, a la por entonces directora Magdalena Roa, arreglaron horarios, para así no perder muchas horas de clase y al cabo de una semana estaban enseñando algún que otro problema matemático, remontándose al tiempo donde ellos mismos estaban sentados en esos mismos lugares, resolviendo los mismos ejercicios.

Al cabo de unos días, les llegó una propuesta de los directivos del colegio, ofreciéndoles la oportunidad de ayudar a los chicos en todas las preparaciones a olimpíadas matemática con la condición de que pudieran seguir al día en todas las materias. Para ninguno de los dos esto fue un problema, ni mucho menos una limitación para no ser parte, los dos tenían el deseo de transmitirles a los chicos las estrategias que utilizaban para resolver los problemas cuando estuvieron en la misma situación. Además, transmitir que también tengan un interés en la matemática y que no lo vean como algo malo o inútil.
Por lo general las clases son grupales; a Santi y Valen les encanta hacer que los chicos pasen al frente y entre todos utilicen el pizarrón para pensar los problemas en conjunto, su idea es motivarlos a que charlen y entre todos se den cuenta de sus errores para avanzar a la par y alcanzar la meta: Resolver el ejercicio.

Como resultado personal Santiago y Valentín se llevaron el saber de 3 cosas fundamentales: que ofrecer ayuda es muy importante e inculcarlo desde que somos pequeños, más aún; que el intercambio es enriquecedor en todo sentido y que a partir de estos maravillosos niños aprendieron conocieron la paciencia y el poder de explicar cosas de diferentes formas para que cada uno pueda entender a su tiempo.